CONCLUSIONES SOBRE EL DEBATE PROMOVIDO POR EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN SOBRE LA PROPUESTA DE ELABORACIÓN DE UNA LEY DE EDUCACIÓN QUE REFORME LA LOCE.
1. Profesión docente y
formación. Propuestas.
FORMACION
INICIAL:
La formación inicial del profesorado
de niveles no universitarios debe ser de igual extensión, acabando con la
dualidad actual.
En la formación inicial, tanto para
el profesorado de infantil y primaria como para el de secundaria, debe
incorporarse las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, que no
aparecen como básicas en el currículo actual.
Con respecto a la formación del
profesorado de secundaria, deberían incorporarse formación de carácter
pedagógico y didáctico en, al menos, el 20 % de los créditos.
Lo anterior, supondría la supresión del Curso de Adaptación Pedagógica, el cual durante muchos años ha dado sobradas muestras de inutilidad.
Las medidas citadas hasta ahora
deberían ser dictadas desde el gobierno de la nación: no se trata de que el
corporativismo situado en las distintas Universidades lo valoren de un modo o
de otro, pues ese camino no avanzaría, en nuestra opinión.
El actual modelo de formación del
profesorado en prácticas ha demostrado su invalidez, de modo que proponemos
otro en el que la tutorización de profesores
experimentados y con buena valoración en su quehacer puedan ocuparse de la
inicialización en la docencia de los nuevos profesores y profesoras. Este
aspecto puede estar relacionado con la promoción profesional de modo que la
valoración positiva de un profesor/a implique su capacidad para el cometido
descrito, obviándose el método actual en el que los centros son elegidos al
azar, sin criterio pedagógico alguno. Se podría formar de este modo una “red de
centros” capaz de acometer la inicialización señalada.
FORMACIÓN
PERMANENTE.
Es muy importante que la formación
del profesorado no universitario se encuentre ligada en la medida de lo posible
al centro docente, con proyectos de mejora realizados en tiempo de trabajo.
Debería llegarse a una situación en la que hubiera obligatoriedad de recibir
formación y una oferta completa que pudiera llegar a todos los colegios e
institutos.
La formación debería ofertarse
también fuera del centro cuando sus características lo requieran, ocupando el
tiempo lectivo de modo progresivo.
Esa “red de centros” a la que
aludíamos en el capítulo de formación inicial podría resultar válida en la
formación permanente. Esos centros podrían servir de modelos a profesores de
otros centros, como señala la bibliografía actual especializada en formación de
profesores.
La formación permanente debe estar ligada a la
carrera docente.
VALORACIÓN DEL TRABAJO DEL PROFESOR.
La promoción entre cuerpos docentes no es la única
posibilidad de mejora del trabajo docente, además que ello supone que a los
mejores profesores/as que desarrollan su labor en una determinada etapa se les
saca de donde lo están haciendo bien para que sitúen en otro lugar. De este
modo lo que se consigue es un empobrecimiento del sistema.
Si lo que el sistema educativo requiere son profesores/as experimentados, bien valorados y capaces
de analizar su propia práctica, esto habrá que pagarlo con un sueldo mayor.
Pero esto no debe generalizarse sino que debe encontrarse ligado al fenómeno de
promoción docente, de modo que sólo se aplique al profesorado que ha destacado
en su labor.
Otro modo de promoción docente, ligada a su
valoración positiva según las premisas establecidas más arriba sería la
posibilidad de atender al profesorado en prácticas, como un modo de realzar su
labor a la vez que se mejoraría la calidad de la formación inicial, como ha
quedado dicho.
También podría estudiarse la posibilidad de que el
profesorado que por su valoración hubiese conseguido una promoción, pudiera
disponer de algún tiempo, con reducción de la carga lectiva, para dedicarse a
la investigación que pudiera redundar en beneficio del propio centro.
ESTATUTO DOCENTE.
Se hace imprescindible el que por fin se redacte un Estatuto de la Función Pública Docente en el que se expresen los derechos y deberes de éstos y que tenga en cuenta la carrera docente (en los términos expresados anteriormente, según entendemos nosotros).
Debería contemplar la posibilidad de equipos de
profesores que pudieran trabajar juntos, rompiendo el fosilizado esquema actual
en el que es la antigüedad el principal mérito, en centros determinados. De
este modo se podría crear una red de centros que pudieran servir como modelos
en la formación permanente.
Se debe velar por las condiciones materiales en que
el profesorado de la enseñanza pública desarrolla su trabajo:
·
En relación con la infraestructuras: establecimiento de una condiciones
mínimas para dar las clases, tanto en espacios, como en materiales, como en
mantenimiento de determinados espacios (aseos, etc.)
·
En relación con
las ratios: se puede continuar con las existentes, pero respetándolas.