Manifiesto por la Escuela Pública.
Hemos vivido unos años en los que la escuela Pública ha
sufrido en España, y por tanto también en la Región de Murcia quizá de un
modo más acusado, un abandono a su suerte, pasando de lo que fue un proyecto
de generalización de la enseñanza al intento de hacerla entrar en una nueva
etapa en la que se le ha asignado la dedicación a asegurar el acceso al aprendizaje
de aquellos que nunca constituirán un mercado rentable, de aquellos que ocuparán
los empleos peor cualificados. Se trata evidentemente de un intento de dualización
del sistema educativo mediante la potenciación de dos redes distintas con
objetivos diferenciados.
Ante ello parece necesario, de nuevo, posicionarse
claramente en defensa de la enseñanza pública, una enseñanza que no ha perdido
su valor como herramienta fundamental para luchar contra la desigualdad y
la injusticia social y que es la única capaz de garantizar el acceso de todos
los ciudadanos a la sociedad del conocimiento, más allá de su origen y de
sus condiciones sociales y económicas.
Nos
encontramos en el preciso momento de impedir que la escuela pública se convierta
en subsidiaria de los centros privados.
Las
ideas de pluralismo, laicismo, neutralidad e igualdad han estado ligadas,
desde finales del siglo XVIII, a algunos de los proyectos de configuración
de una escuela básica común para todos los ciudadanos con independencia de
su sexo, etnia o clase social.
Y
estas son las bases en las que debe desarrollarse:
Una
escuela plural, abierta a todos/as, donde todas las personas puedan convivir
desde la infancia, no clasificados por clase social o por etnia. En los últimos
10 años, la diversidad ha aumentado por la extensión de la escolarización
obligatoria y por la llegada de chiquillos de todas partes. Nadie ignora que
el esfuerzo para dar respuesta a esta nueva realidad escolar lo realiza la
Escuela Pública, en muchos casos, en condiciones de extrema dureza para el
profesorado mientras observa cómo los recursos humanos imprescindibles desaparecen
(profesorado de educación compensatoria ...) mientras el presupuesto de la
escuela privada aumenta con recursos públicos.
Una
escuela laica. En un Estado no confesional como lo es España desde la promulgación
de la Constitución en 1978, la dedicación de parte del tiempo de la escuela
a adoctrinar a los niños/as en una determinada religión supone una contradicción
flagrante cuyo coste además asume el Estado, detrayendo recursos, unos recursos
tan menguados, de la escuela pública. El intento realizado a través de la
LOCE de que quien no quisiera recibir religión tenía la opción obligatoria
de estudiar religión es ya un atropello en toda regla a la escuela pública
que hay parar ya.
Una
escuela donde se promueva la igualdad. Separar a los alumnos a edades cada
vez más tempranas, en relación con su rendimiento académico, condicionado
por factores sociales y económicos, siendo el más llamativo el provocado por
el fenómeno de la inmigración, asociado a la lengua, etnia y cultura, se ha
presentado como el medio más eficaz para resolver la problemática y mejorar
la gestión del aula. Nosotros estamos radicalmente en contra. Uno de los valores
que sustentan -y han sustentado- la idea de escuela pública, ha sido el constituirse
en una garantía del derecho de todos a la educación, en especial para aquellos
que no pueden obtenerla de otro modo, constituyendo un proyecto de organización social
basado en una perspectiva ideológica solidaria, y por ello compensatoria de
las desigualdades sociales y culturales.
Una escuela con suficientes medios materiales y humanos para poder hacer frente a sus cometidos, concluyendo con un periodo en el que éstos se han visto reducidos de modo paulatino. Una escuela en la que se inviertan una cantidad de recursos mayor que los que ahora cuenta.
